Esto no es un blog, es un bloc. De notas, para más seña. Aquí apunto lo que se me pasa por la cabeza, lo que se me cruza por la vida o simplemente lo que se me antoja. Buscarle cualquier otra significación es perder el tiempo. Bienvenidos a ello y no se corten en comentar.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sobre la venta de libros vista por un comprador

Se me cruza el cable de caprichoso. Hace algunas semanas que quiero un libro y por fin venzo mi desidia y mi inercia procrastinadora y me decido a ir a por él.

Me acerco a Luces, la que hasta ahora era mi librería de cabecera a buscarlo. Llevo años comprando allí y siempre me habían dado un buen servicio.

Antes, cuando era estudiante ergo pobre, compraba casi todo de segunda mano y ocasión. Escudriñar por los estantes en busca de algún tesorillo de bordes no muy rozados y páginas amarillentas era todo un arte. Daba batidas por las principales librerías del ramo en el Centro, con un recorrido sistemático estratégicamente diseñado para pasar por aquellas que fuesen más propicias para cada tema.
Leía también mucho de prestado de bibliotecas, hasta que eliminaron la Casa de la Cultura de calle Alcazabilla sin reponerla y la biblioteca de la Diputación, y sobre todo de amigos. Por eso siempre he prestado mis libros sin reticencias (hasta que perdí La Sombra de Ender y la Sombra del Hegemón entre otros, que aún no sé quien tendrá...).

La primera de mis actividades que notó cuando empecé a trabajar fue mi afición a la lectura, pues empecé a permitirme libros nuevos. Más o menos por entonces empecé a comprar en Luces de forma regular. Incluso hubo una época que les propuse que hicieran un carné de socio ^^ (y me dijeron que estaba en estudio...).

Tampoco me gusta comprar libros en hipermercados generalistas porque creo que un libro no es una lata de aceitunas ni un abrillantasuelos y prefiero que la persona que me lo vende sea, entre otras cualidades laborales, un profesional de librería y no solo de la venta. Así que creo que es mejor comprar los libros en librerías y así apoyo al sector frente a otras formas de venta más comerciales en las grandes superficies. He visto desaparecer demasiadas librerías en mi ciudad para no hacer algo al respecto.

Además soy un animal de costumbres y tengo buenos recuerdos de libros que he comprado allí, por lo que asocio esos buenos ratos al lugar. Soy un romántico gilipollas con los libros, lo sé. Comportamiento absurdo, pero muy humano.

Volvamos a mi pesquisa caprichosa. Cuando no lo encuentro en una sección de psicología bastante canija respecto a otras veces, pregunto y me dicen que no lo tienen y que no me lo pueden pedir porque la edición está descatalogada. Me extraña.

Ya que estoy allí y por no hacer el viaje en balde, me acerco a ver la sección de medicina para comprarme un libro divulgativo de neurociencias que vi en mi última visita que me pilló sin suficiente dinero. Pensaba comprarmelo por curiosidad para ver que tal estaba. Me había hecho el cuerpo de regalarme un librillo y no quería irme sin algo. No solo no está el libro sino que la sección de medicina y la de antropología han desaparecido, según me informa otro dependiente. "Solo queda lo que hay ahí con las demás" (se refiere a las ciencias, supongo, que están relegadas a un rincón).

Bajo a la planta inferior y ojeo a ver si hay algún título nuevo del deporte que practico y veo que su sección también ha menguado aunque no tan alarmantemente como otras. No, no hay nada interesante o que ya no tenga. Me pica el antojo cada vez más.

Por último y ya casi con las orejas gachas cual perrillo me escabuyo al fondo, a la sección de cosas frikis. Veo un librito de unas 100 páginas en edición de bolsillo, rústica de páginas claramente recicladas. Una chorradilla en viñetas. ¿A ver que precio tiene en el escáner de códigos? ¡15 euros! ¿Por esto? Vaya. Lo va a comprar Rita. Sigo ojeando y entre tomos de Tolkien-hijo-sigo-explotando-las-notas-de-papi veo un autor español escribiendo fantasía, edición rústica y algo menos de 200 páginas. Paseíto hasta el lector láser y ¡Cuernos, 18 euros! Los libros han subido un montón. Mi sueldo está congelado con la crisis. Qué putada...

Corolario: ¿así cómo pretenden que compremos libros en las librerías?

Finalmente, por poner el final feliz y porque soy testarudo, me paso por Prometeo (¿ya he dicho que TENÍA ganas de regalarme un libro ese día?) y los pillo casi cerrados, me cuelo sin que se den cuenta de la hora que es y una vez dentro en vez de ir a buscar les pregunto directamente por no perder tiempo y arriesgarme a que me echen mientras. De las dos dependientas que encuentro, la primera me dice directamente que está descatalogado porque ya lo ha mirado otras veces y que no lo tiene, luego me pregunta que porqué últimamente le piden tanto ese libro en vez de atender mi petición. Afortunadamente su compañera la mira por encima de las gafas y le dice "Mujer, pero compruébalo por si acaso". Y ¡Eureka! La reedición de 2009 no está descatalogada. No lo tienen pero me lo han encargado (no, no estaba descatalogado, ya me extrañaba a mí). Sé que son 21 euritos pero es una edición aparentemente en condiciones. Ahora a esperar con ilusión que llegue.

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