Esto no es un blog, es un bloc. De notas, para más seña. Aquí apunto lo que se me pasa por la cabeza, lo que se me cruza por la vida o simplemente lo que se me antoja. Buscarle cualquier otra significación es perder el tiempo. Bienvenidos a ello y no se corten en comentar.

martes, 18 de enero de 2011

Rocío tapas y sushi

Rompiendo la norma de este blog de repetir en un establecimiento antes de comentar su oferta culinaria, hoy me ha dado por hablar de este peculiar local a pesar de haberlo visitado solo una vez.

Lo encontramos por una página de interné curioseando por sitios así en la ciudad, no recuerdo cuando. Se había quedado en lugares pendientes de explorar. El emplazamiento es de lo más arbitrario, en medio de una avenida de un barrio periférico de Málaga. Vamos, que hay que ir a posta. Incluso cuesta encontrarlo si uno no lleva la dirección aprendida, porque a primera vista no parece sino otra cafetería de barrio que se ha quedado abierta hasta tarde.

Llegamos más bien tarde y la primera sorpresa fue que es ridículamente pequeño con sus escasas 6 mesas de interior colocadas en modo tetris. Espartano a más no poder. Supongo que en verano sacan más mesas a la terraza porque tienen acera amplia delante. La segunda sorpresa fue que nos dijeron que posiblemente no quedase arroz para nosotros, que teníamos que esperar a ver la comanda del grupo anterior y según eso calcularían.

En la espera nos familiarizamos con la "carta": una cartulina plastificada con dos únicas carillas: la de tapas y la de sushi. Se diferencian radicalmente la una de la otra. La primera son típicas tapas nacionales con algún toquecillo de fusión que no nos llamó la atención. Sus precios son económicos, pero en algún sitio habíamos leído que tampoco eran gran cosa. De todos modos, veníamos a por la segunda carilla. Ahí es otro cantar. Comida japonesa con marcado carácter tradicional.

Adicionalmente tienen una pizarrita con las sugerencias/ofertas del día. Sucede lo mismo, hay dos vertientes según procedencia. Destacan nuevamente las tapas japonesas, gastronomía típica de allí a precios muy interesantes. Una es un upgrade de la bebida, por 30 céntimos más te ponen una tapita para degustar en un par de bocados que merece ser probada; la otra opción de la pizarra es pedir una tapa que pagas aparte pero son francamente baratas. Las considero muy recomendables para picotear muy variado, porque algunas son cosillas que no he encontrado en otros sitios.

Esperamos unos veinte minutos en la barra (está de paso para servir las mesas atestadas). En esas tomamos con las bebidas algunas de las tapas de estilo japonés: un salmón adobado con cebolla (no nos convenció, francamente), un tempura de picadillo de verduras y pescado (sorprendentemente muy ricas y fritas en su punto), unas shiitake con pollo y picante a la plancha (ricas), unas algas salteadas con lo que parecía tofu (también ricas, pero sobre todo de sabor completamente original y, lo más importante, se notaba que estaban justo en su punto). Finalmente conseguimos una mesa y allí acabamos el resto: gyozas de marisco que he descubierto que se llaman shumai (simplemente exquisitas) y aprovechando que había quedado arroz (¡!) nos dimos un pequeño festival de hosomaki de atún y nigiris de gamba, salmón y atún. El hosomaki estaba bien y los nigiris estupendos, con una advertencia. Estos últimos ya vienen cargaditos de wasabi, ojo con el que se le añade a la soja que en este caso no es para nada necesario. Esa es una costumbre de etiqueta japonesa, que sea el cocinero quien decide la cantidad de wasabi. Pero aquí no acostumbran a hacerlo, así que nos pilló por sorpresa y como normalmente solemos cargar la salsa, pues... fue un poco explosivo. Con todo nos pusimos las botas.

La salsa de soja que usan sospecho que es china porque estaba algo salada. La sirven en platillos directamente, sin el tarro para servirse. El wasabi me pareció de calidad más aceptable tanto en intensidad del sabor como en cuanto al picor. El jengibre de los mejores que he probado.

La gracia del sitio es que el cocinero que prepara el sushi dicen que es un antiguo chef-sushiman de la costa semi-retirado. Lo cierto es que el señor estaba allí en la cocina metido en faena con su batín azul y en los platos se notaba la calidad. Claro está, la carta japonesa tiene un precio más, digamos japonés. Tampoco es caro para ser sushi, está más o menos al precio normal de la ciudad o algunas cosas ligeramente más caras, pero posiblemente la calidad del sushi sea algo mejor en consonancia. Y también se notaba la experiencia en los otros platillos que no eran sushi. Solo por eso ya merece la pena visitar el establecimiento aunque haya que ir espresamente a donde cristo perdió la boina. Simplemente que en todo lo demás es un bar de tapas de barrio y normalmente no te dejas en un sitio así lo que en una cena estilo japonés. Claro, que se supone que para que salga más económico debes combinar ambas gastronomías y no ser monotemáticos como nosotros.

Lo que desentona con el precio es la ambientación del local, estilo "limpio aunque cutre". El planteamiento del local es de tasca de barrio. La barra es de tablero gordo de formica, las sillas se alternan con taburetes y repisas de obra forradas con escay, el cocinero está escondido en una cocina con ventanuco detrás de la barra (como los bares típicos nacionales, nada de pijadas a la japonesa con la cocina en la barra), parte de la barra es una nevera o congelador, la decoración es la pizarra y un poster de piezas de sushi (como podía haber sido un calendario del equipo de júrbol del barrio, incluso desentonaría menos con la no-decoración circundante)... No es una queja, simplemente objetivo. Es como si dejaran claro que es un sitio al que se va a comer bien, no a admirar al decorador. Pagas por lo que comes, sin ornamentos. Minimalismo llevado al extremo.

El local estaba casi al completo ocupado por gente joven (treintaypico), salvo un matrimonio de edad media que se ve que eran del barrio. No entiendo porqué han abierto esto en este barrio, pienso que con una inversión algo mayor en decoración y un local mejor ubicado podrían estar haciéndose de oro entre los piji-snobs de la ciudad. Otra cosa que no entiendo es porqué había tanto personal: la que sospecho es la dueña, que atiende; dos camareros jovencillos atendiendo también; el cocinero japonés y un ayudante encerrados en la cocina. 5 personas para 6 mesas no debe salirles muy rentable, así que supongo que ahí puede estar también parte del precio. Imagino que en verano sí que hacen falta esos y más, pero ahora en pleno invierno estaban sobredotados. En cualquier caso, todas estas elucubraciones mías no vienen a cuento. El gato es suyo...

Lo importante es que ponen de comer bastante bien y el precio pagado compensa. En otros sitios de comida japonesa he comido igual o peor y más caro... Eso sí, el ambiente era mucho más chic. Cada cual que escoja lo que quiera.

2 comentarios:

  1. Me ha encantado este post :) Sin duda se trata de un bar de tapas muy original. Supongo que el cocinero japonés no llevará mucho tiempo, de ahí que sigan en ese local/emplazamiento, pero en vista del éxito que parece que están teniendo me imagino que a la larga se trasladarán a un local más grande y más chic, jeje, esperemos que no influya en los precios...
    Por cierto (y por si acaso), ¿cuándo repetimos? ;)

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  2. En cuanto cambien de local repercutirá en el precio, por supuesto.
    Te gustó ¿eh? Jeje

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