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domingo, 6 de diciembre de 2009

Gordos II

¿Gordos o yonquis de la comida? Al menos es lo que se plantearán algunos tras leer lo siguiente que relaciona la CCK (colecistoquinina) y la NA (noradrenalina) con los mecanismos de la saciedad; una disminución de receptores a la dopamina en obesos y un aumento de betaendorfinas.
Bioquímicamente hablando, puro vicio.

Sin embargo, aunque el texto anterior sirve de introducción a los mecanismo neuroquímicos implicados, no deja claro lo que las investigaciones sobre dopamina y obesidad han reflejado. No se trata de una predisposición inevitable o una causa invencible. Más bien se trata de una conducta de recompensa mal aprendida, como vemos si buceamos en busca de las investigaciones recientes. No se trata tanto de una deficiencia innata de receptores sino todo lo contrario, una disminución adaptativa de los mismos para compensar niveles crónicamente altos de dopamina, según diversas entrevistas (está un poco caótica en la versión html que he encontrado) con el autor, el Dr. G-J Wang.
Vicio aprendido.

La comida por tanto sería una forma de compensar esas deficiencias dopaminérgicas que se han creado progresivamente para a su vez contrarrestar el exceso de dopamina producido por la ingesta excesiva. El mecanismo de esta predisposición se observa en algunas drogodependencias. En el caso del azúcar especialmente (esos son otros estudios pero paso de buscarlos ahora).
También se sugiere una mayor activación de las areas somáticas parietales de boca, lengua y labios en obesos expuestos a comida, que sugieren una mayor recompensa que contribuiría a los excesos de consumo (aquí un ppt de Wang).

A grandes rasgos podemos decir que el apetito desmedido se retroalimenta positivamente, cuanto más comes más comerás. Cuanto más te controlas, menos comerás. En otro momento tal vez añada algo sobre aumento progresivo de capacidad del estómago con la ingesta aumentada crónica y la correspondiente disminución del estímulo de saciedad.
Circulo vicioso.

En otro orden de cosas también parece que las mujeres son menos capaces de controlar el hambre en sus cerebros, aunque esto es anecdótico.
Golosonaaaas.

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