Esto no es un blog, es un bloc. De notas, para más seña. Aquí apunto lo que se me pasa por la cabeza, lo que se me cruza por la vida o simplemente lo que se me antoja. Buscarle cualquier otra significación es perder el tiempo. Bienvenidos a ello y no se corten en comentar.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

A vueltas con el manifiesto.

EL famoso manifiesto sigue dando que hablar en interné y, dado que no lo comenté en su día por no restarle protagonismo al asunto en sí, hoy voy volcar un poco de mi opinión sobre el tema.

Lo primero que he de señalar es que mi primer contacto con el manifiesto fue de recelo:
¿Y esto? ¿A qué viene?

Desconocía la que se estaba cocinando con la LES y mi suspicacia forjada con los años me hizo desconfiar automáticamente. El impulso libertario de colgarlo en este humilde blog se encontró de bruces con ese recelo, forcejeando entre las ganas de participar y la resistencia a formar parte de algo oscuro.
Pero esta gente ¿de qué va realmente?

Mis dudas se despejaron lo suficiente cuando comprendí que el valor radicaba no en un acto de adhesión fiel sino una simple medida de fuerza tumultuosa. No era la cualidad de la cosa, sino su cantidad, lo que importaba. Lo ví en más sitios al bucear por la red y me convencí de que, si bien había puntos discutibles o confusos, lo importante era dar una señal de alarma lo bastante sonada para que traspasase los oídos anquilosados del político, se elevase hasta sus altas torres de marfil (basamentadas en el peor de los cienos e incrustadas de pedrería de nuestros impuestos) y percutiera hasta trepanar esos tímpanos encallecidos por la autocomplacencia y el poder. Una algarada cibernética en toda regla, vamos.

Ahora, con el tiempo, vemos que en realidad servirá de poco. Que sí, que participamos en aquello el día que interné le dió un capón al presidente de una democracia bananera como la nuestra. Lo cual no tiene ningún significado cuando de poco va a servir, sobre todo después de leer al tal Torres Mora, el komissar kulturñi. Es difícil confundir la maledicencia de este sujeto con simple estulticia. Pero eso no es a lo que quería referirme ahora.

Mi reflexión pendiente sobre el manifiesto era algo más personal. Cuando defendemos interné no debemos tampoco dejar de ver que interné es un simple utensilio. Como todo utensilio requiere de un uso responsable. Esta idea plantea un discurso mucho más complejo del que pretendo hacer aquí ahora y tal vez del que quiera llegar a hacer. Mi reflexión más inmediata es ¿hasta que punto no se está convirtiendo en el opio del pueblo? ¿realmente el conocimiento nos hará libres? ¿no es una cutre-matrix tratando de emular la caverna de Platón?

Interné o el nuevo opio.

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