Esto no es un blog, es un bloc. De notas, para más seña. Aquí apunto lo que se me pasa por la cabeza, lo que se me cruza por la vida o simplemente lo que se me antoja. Buscarle cualquier otra significación es perder el tiempo. Bienvenidos a ello y no se corten en comentar.

jueves, 18 de marzo de 2010

Blade Runner vista por mí

Hoy he vuelto a verla. Versión "Final Cut" (sin paseo forestal, corte de historia rápido en la cresta de la emoción). Lo primero es decir lo obvio, que en VO gana en cuanto a expresividad de los actores que le aportan algo que no consigue el doblaje. Pero no quiero ponerme pejiguero en plan cinéfilo pedante. Solo quiero contar en mi bloc mi visión.

Los "entendidos", los "críticos", cuestionan aquellas historias en las que se da demasiada importancia a los aspectos estéticos de la obra. En muchos casos, es cierto. Pero Blade Runner es una gran excepción. En esta película la estética cobra una relevancia crucial, porque nos sumerge en la ambientación y aquí la ambientación, tiene gran peso narrativo. Es casi un personaje principal más.

Mucho se ha dicho sobre la relación de esta película y el libro que la inspira, lejanamente (que he visto dice la wikipedia al consultar el nombre de algunos de los actores), "Sueñan los androides con ovejas eléctricas" del maestro Dick. Todo el que lo lee suele hacerlo después de ver la película. Yo mismo lo hice así. En estas circunstancias, lo que más llama nuestra atención es el hecho de que son dos historias completamente distintas. Por no arruinar ni una ni otra a quien no las conozca, solo diré que comparten algún personaje pero con tramas que no tienen que ver. Pero hoy, que he vuelto a disfrutarla, me he dado cuenta que leer el libro es fundamental para comprender esta película en todo su explendor, porque la ambientación no se comprende en toda su amplitud sin haberlo leído. El lejanamente referido a la inspiración del libro se torna inmediatez cuando uno lo contempla desde la óptica de la ambientación. En el relato de Dick se nos cuenta un mundo en el que los animales han desaparecido en su gran mayoría, extintos por el abuso ejercido por la humanidad. En su lugar los seres humanos se contentan con réplicas de bioingeniería creadas por ellos. Y digo que se contentan porque los seres humanos se dan cuenta en el libro de que tienen que recuperar su lazo con la vida animal para sentirse vivos, para sentirse ellos mismos auténticos. El poseer un animal "auténtico" se convierte en una señal de prestigio, puesto que son tan escasos. Las aspiraciones personales no pasan por tener fabulosos coches, casas o accesorios de decoración como hoy en día, sino poseer auténtica y original vida. Esa aspiración es la que da un mayor sentido a la trama de la película y los guiños son constantes en la cinta. Esos guiños son la explicación de que aparezcan tantos animales en medio de la ciudad futurista de Los Ángeles, que de otro modo parecen un bizarrismo gratuito e injustificado. Pero más allá de ser meros guiños, sustentan la historia por medio de un entorno conceptual de cotidianedad con la vida sintética, con la replicación de vida, que es evidentemente lo que nos adentra por la puerta de la imaginación hacia ese mundo futuro propuesto. Sin esa llave, no sabe igual.

En cuanto a ambientación también es fundamental la música de Vangelis. Sublime. Viendo la peli me he dado cuenta que he oído tantas veces esa banda sonora que para mí tenía personalidad propia y verla en su contexto visual de nuevo me ha resultado casi extraño.

Otro aspecto que me ha llamado la atención es el planteamiento que hace la película sobre la xenofobia. Se nos ofrece un mundo transcultural, con las barreras étnicas superadas por la convivencia diaria, expresada por la "Interlingua", tan recurrente en la ci-fi y que tanto me fascina. En ese mundo, la diferencia entre individuos no tiene sentido basarla en los orígenes étnicos de cada cual. Ni siquiera en diferencias biológicas cuando el mestizaje se extiende sistemáticamente. Tampoco en el caso de los replicantes, que provienen de un origen genético humano. Luego entonces ¿cómo repudiarlos como aberraciones que son para nosotros? Por los recuerdos (memories). La película nos identifica constantemente con nuestros recuerdos, nos grita que somos lo que recordamos y ese planteamiento será clave más adelante, en el desenlace final. Cómo el ser humano se agarra a retazos de tiempo pasado para asentarse en la realidad, para forjar una ilusión de identidad.
Así la repulsa al otro no se trata de un caso de xenofobia, temor a lo ajeno, sino una extraña cronofobia, un temor a lo que no tiene tiempo pasado (παρελθών, pero no sé muy bien como crear el neologismo correcto). Una reflexión que reduce al absurdo nuestras reticencias actuales a aceptar al otro como igual, que sitúa nuestras supuestas diferencias de hoy en día a algo meramente coyuntural a la vez que nos hace reflexionar sobre lo que creemos que somos, sobre lo que basamos nuestra supuesta personalidad.

Todas estas cuestiones hacen a la película una obra maestra en mi opinión. También el hecho de que el protagonista no es en medida alguna el protagonista en realidad, valga la paradoja, sino un elemento más de la narración, un vehículo de la misma que es la verdadera protagonista, que lo lleva de un lado para otro como a los héroes griegos. Él está ahí no para contar su historia sino para que la historia tome vida y no sea olvidada. Otra vez la vida, los recuerdos. Podría perderme en otras muchas divagaciones. Pero casi que lo dejo para que sea cada cual quien saque sus propias interpretaciones.

Hay dos reflexiones finales sobre esta película que quiero destacar:

Una es sobre la vida, nuestra propia vida. Rutger Hauer (Roy Batty) nos prepara con el momento culminante de su carrera cinematográfica y Edward James Olmos (Gaff) sentencia con "It's too bad she won't live. But then again, who does?" dejandonos tras el éxtasis de dos horas de película magnífica con esa pregunta para rumiar en nuestro interior.

La otra reflexión es bien sencilla y bien mundana, pero no menos profunda y cierta por ello. La plantea William Sanderson (Sebastian) en su triste vida rodeado de autómatas de compañía. La culmina Harrison Ford (Deckard). Y es que en el fondo todos buscamos contrarrestar la soledad inherente a nuestra existencia con alguien a quien amar. Desesperadamente.

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